jueves, 10 de marzo de 2016

Una ventana con vistas.

Llegó el día que tanto estuve esperando, el colegio ya se terminó y ahora había que hacer las maletas. Era mi primer viaje fuera de casa y lejos, iba a estar varios meses fuera de mi casa. 
¿Qué metería en la maleta? ¿Haría frío, calor? Vaya un lío.Finalmente, empecé a meter de todo un poco, se llenaba la maleta, volvía a quitar cosas, al final lo logré.
Estuve todo el día bastante nerviosa, por la emoción de conocer a lugares y a nuevas gentes.
El viaje comenzó por la noche, así que, casi no me di cuenta del paisaje. Al amanecer, por fin, lo ví: el mar. Me pareció increíble, las luces de la ciudad se reflejaban, era espectacular.
Ya por fin nos instalamos en la casa, que sería la nuestra durante esta temporada. Nos instalamos rápido, ya que las ganas que teníamos de pisar la playa eran inmensas, así que enseguida lo dejamos todo y fuimos a pisar la arena. El agua estaba algo fresquita pero nos dió igual, ya estábamos allí después de tanto tiempo deseándolo.Pedreña, es una localidad pequeña que está a 20km. de Santander, es un pueblo pesquero, sus gentes viven de salir a pescar y a mariscar,las almejas (amayuelas), navajas (muergos o morgueras), berberechos....
Este era mi lugar de vacaciones,un sitio precioso del que me enamoré desde el primer día en que lo conocí, y hasta ahora lo estoy.
Mis días allí transcurrían conociendo sus alrededores y también descubriendo a sus gentes, que son muy cercanos, aceptando a las gentes de fuera.Los fines de semana asistiamos a ver las traineras, como competían entre ellas, había traineras de un montón de sitios: Santander, Asturias, Bilbao, San Sebastián.....
Era emocionante verlas como trabajaban los remeros apoyandose unos con otros, los veíamos desde un bote en plena bahía de Santander. Por las tardes, nos ibamos a la ciudad, para ello cogíamos la lancha que te da un paseo por toda la bahía. Pedreña está en un sitio estratégico, ya que si te colocas en su playa, y miras hacia atrás, ves a la

Pedreña.

 la cima de Peña Cabarga, enfrente  Astillero, el aeropuerto y de frente Santander; y si miras hacia la derecha, ves la isla de Mouro y las playas del Puntal, Somo y Loredo. A la Playa del Puntal ibamos todas las mañanas que el tiempo nos dejaba, mis recuerdos son de montar en un bote hinchable verde y acercarnos "donde cubría" y de los helados de vainilla de dos bolas comidos en la arena. Conocíamos el pueblo al dedillo, nos juntábamos con los chic@s de allí y nos enseñaban todos los alrededores, cuando en alguna localidad cercana había fiestas y verbenas, nos acercábamos aunque fuera andando, disfrutábamos hasta que se hacía de noche. A veces cuando aparecían esos días de lluvia aquí, era muy típico que cuando dejaba de llover, recogíamos los caracoles que salían, y nuestra amiga y vecina los cocinaba unos días después de limpiarlos bien, cosa que a mí me parecía un horror, pero a la gente les gustaba; ella nos enseñó a hacer la mantequilla con esa leche tan rica de las vacas pasiegas, y nos solia hacer sobaos que estaban "de muerte". Disfrutabámos yendo a un bar que estaba en la plaza principal "El Culebrero", algunas veces nos ibamos a mariscar nosotros, traíamos algunas navajas, berberechos, almejas, conchas finas.... y los del bar nos las compraban; cosa que a nosotros nos parecía un triunfo. Cuando el tiempo nos impedía ir a la playa, fuimos conociendo sitios increíbles de esta bella tierra: Torrelavega, Santoña, San Vicente, Comillas y como no Santillana del Mar, con sus cuevas de Altamira, que por aquel entonces pudímos conocer las verdaderas, fue espectacular. Al lado de "nuestra casa" estaba el campo de golf, todos los chic@s del pueblo iban allí, unos trabajaban de caddie (Ayudante del que juega al golf) , otros recogían las bolas que aparecían en la orilla de la playa o en el campo de alrededor y las devolvían, otros las recogian para quedarselas de recuerdo, allí conocí a Severiano Ballesteros, que luego sabría que fué un jugador de golf que triunfo en todo el mundo, y yo cuando lo conocí era un Pedreñero normal y corriente que estaba en su pueblo, disfrutando de sus gentes. Qué bonito es, cuando uno echa la vista atrás y comienza a recordar todas sus vivencias, su viaje a la playa por primera vez, sus amig@s del verano.... parece que lo tienes ahí tan cerquita, pero no se olvida nunca, sobre todo a toda esa gente que conocí, y que no eran nada de mi familia y desde entonces lo son, eso sí que es difícil de olvidar. Todo lo tenemios guardado en un rinconcito de nuestro corazón.

Lanchas.






Traineras.

1 comentario:

  1. Gracias Mar, me ha encantado tu recuerdo de las vacaciones, casi parece que estuve allí.

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